El cáncer cervicouterino es la neoplasia maligna de origen ginecológico, más frecuente. Ocupa, mundialmente, el tercer lugar entre todos los tumores malignos en las mujeres. Según la OPS, en el 2018, más de 72,000 mujeres fueron diagnosticadas con cáncer cervicouterino, y cerca de 34,000 fallecieron por esta misma causa, tan solo en la Región de las Américas. A nivel mundial, aproximadamente 500,000 mujeres desarrollan este cáncer cada año; la incidencia más alta de esta enfermedad se encuentra en los países en vías de desarrollo, con un 85% de los casos registrados. Además, presentan una mayor tasa de mortalidad: en 2018, América Latina y el Caribe tuvieron el triple de muertes por cáncer cervicouterino que en Norteamérica.

El principal factor de riesgo para padecer de cáncer cervicouterino, es la infección por el Virus del Papiloma Humano. El VPH es un virus de ADN de doble cadena, perteneciente a la familia de los Papovaviridae, que infecta principalmente las células del epitelio escamoso de las mujeres y que se contagia por contacto directo (generalmente sexual) con la piel, mucosas o líquidos corporales de un compañero con verrugas o infección subclínica. Se estima que aproximadamente 80% de la población mundial se contagiará por este virus en algún momento de su vida.

En los años 1980’s, un virólogo alemán de nombre Harold zur Hausen, describió por primera vez la relación entre la infección por el VPH y el cáncer de cérvix. Más adelante, en 1996, la OMS, en conjunto con EUROGIN y el NIH, reconocieron el VPH como una causa importante de cáncer de cérvix.

Han sido identificados más de 130 tipos distintos de este virus, los cuales se clasifican clínicamente en Riesgo Alto (HR, o High Risk) o Riesgo bajo (LR, o Low Risk), en base a su potencial para producir cáncer. Dentro de los HR encontramos los tipos 16, 18, 31, 33, 35, 45 y 58. Dentro de los LR, los tipos 6 y 11 ocasionan casi la totalidad de verrugas genitales, y tienen muy bajo potencial oncogénico.

De todos los casos de carcinoma de células escamosas de cuello uterino (el más frecuente, afecta 9 de cada 10), 99.7% se encuentra relacionado con el VPH. El otro tipo de CA de cuello uterino, el Adenocarcinoma, también se relaciona con la infección por VPH, pero de manera menos marcada, y es más dependiente de la edad.

Pero, ¿A qué se debe que los países con ventajas económicas tengan índices mucho menores de cáncer cervicouterino? Se debe, sobre todo, al éxito de los programas de cribado.

La citología vaginal, o Prueba de Papanicolaou, continúa siendo nuestra principal aliada en la prevención del cáncer cervicouterino. Mediante el uso de esta, se detectan casi todas las neoplasias cervicales durante la etapa premaligna, o maligna oculta temprana, período en el cual los resultados del tratamiento son excelentes. De hecho, se ha determinado que aproximadamente la mitad de las mujeres a quienes se le diagnosticó Cáncer de cérvix nunca se habían hecho un Papanicolaou, y un 10% adicional, llevaba más de 5 años sin realizárselo.

El Papanicolau tiene una especificidad cercana a un 98%, pero una sensibilidad algo menor, lo que significa que existe la probabilidad de que haya falsos negativos. Es por esto que se recomienda que la mujer se someta a esta prueba con cierta periodicidad, para evitar pasar por alto alguna lesión premaligna, y que esta progrese a la malignidad con el tiempo.

Existen, además, una serie de vacunas aprobadas por la FDA, las cuales confieren protección contra el virus del Papiloma Humano: la bivalente (Cervarix®), la tetravalente (Gardasil®) y la nonavalente (Gardasil 9®). Todas estas ofrecen protección contra el VPH-16 y 18, que son, los causantes del 70% de los cánceres de cuello uterino. La Gardasil®, además, confiere protección contra el VPH-6 y 11, que causan la mayoría de los casos de verrugas genitales. Gardasil 9®, además de estos 4 tipos, protege contra 5 de los tipos de alto riesgo más frecuentes (31, 33, 45, 52 y 58). En conjunto, todos estos son responsables de prácticamente el 90% de los cánceres de cérvix.

Es importante mencionar que, aunque existe esta vacuna, y que ya muchos países la incluyen dentro de sus esquemas básicos de vacunación, no todas las mujeres serán candidatas a utilizarlas, ya que conforme avanza la edad de la mujer, es más probable que esta haya estado en contacto con algún tipo del virus del Papiloma Humano, lo que hace que la vacuna pierda efectividad. Las recomendaciones actuales de los CDC es que se administre a las niñas entre los 11-12 años, y a los adultos hasta los 26 años, que no han sido vacunados previamente. Las personas mayores de 27 años, deben ser evaluadas de manera individual, para determinar si realmente se beneficiarían del uso de esta.

El cáncer de cérvix es una enfermedad catastrófica, como consecuencia de la cual mueren cientos de miles de mujeres al año, especialmente en países en vías de desarrollo, como el nuestro. Pero, también es cierto que esta es una enfermedad prevenible, si se detecta en estadios tempranos, que evoluciona lentamente a través del tiempo, y que los países más desarrollados han demostrado que se puede disminuir su incidencia grandemente, apegándonos a un buen programa de cribado. Es responsabilidad del especialista, orientar adecuadamente a las pacientes, para que acudan a realizarse su Papanicolaou de manera periódica, y contribuir de esta manera a la disminución de la mortalidad por cáncer cervicouterino.

Por:

Dr. Ramón Checo Brito

Obstetra • Ginecólogo • Colposcopista

Reproducción Asistida

PROFERT

Email: R.chb08@gmail.com

Instagram: @drchecobobgyn

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