Santo Domingo. – Una fiebre que no cede, dificultad para respirar, confusión, somnolencia excesiva o un deterioro rápido del estado general pueden parecer síntomas asociados a una infección común. Sin embargo, cuando el organismo responde de manera descontrolada ante una infección, puede desencadenarse la sepsis, una condición que puede comprometer el funcionamiento de órganos vitales y poner en riesgo la vida.
De acuerdo con el infectólogo de Médico Express, Enmanuel Antonio Núñez, no existe un momento específico en el que una infección pase a convertirse en sepsis, ya que su evolución depende de cada organismo. No obstante, una infección cuyos síntomas empeoran rápidamente o persisten debe generar alerta, especialmente cuando aparecen cambios importantes en el estado general.
Entre las señales que pueden indicar una evolución hacia un cuadro grave se encuentran el malestar general persistente, la dificultad para respirar, la confusión, la somnolencia excesiva, la orina purulenta y un deterioro rápido del estado general. Aunque estos síntomas no necesariamente significan que una persona tenga sepsis, sí pueden indicar que la infección está evolucionando de manera desfavorable y requiere valoración médica.
Aunque cualquier persona puede desarrollar sepsis, algunos grupos presentan mayor riesgo de complicaciones, entre ellos quienes tienen el sistema inmunológico debilitado o padecen determinadas enfermedades crónicas. “Pacientes con diabetes mal controlada, en extremos de la vida, los que tienen múltiples enfermedades, quienes reciben quimioterapia o ciertos tratamientos biológicos y pacientes con VIH en etapa de SIDA tienen mayor riesgo”, señala Núñez.
La rapidez con la que puede avanzar la sepsis hace que el tiempo sea determinante. “Mientras más temprano se diagnostica y trata, mayores son las posibilidades de recuperación y menores el riesgo de complicaciones y muerte”, asegura el profesional. Retrasar la atención puede permitir que la infección progrese y afecte el funcionamiento de órganos vitales, provocando daños permanentes e incluso la muerte en los casos más graves.
Ante una infección, evitar la automedicación también es importante. El uso de dosis incorrectas o fármacos inadecuados puede favorecer la resistencia de los microorganismos y dificultar el tratamiento posterior. Por ello, ante un deterioro rápido del estado general, dificultad para respirar, confusión u otros signos de alarma, es fundamental buscar atención médica de inmediato.

