En los últimos días hemos visto con bastante preocupación el auge de denuncias públicas y tentativas de demandas medicas de pacientes que usan semaglutida, en países como los Estados Unidos. Este medicamento es un fármaco, utilizado principalmente para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 y, en determinadas indicaciones, para el control del peso corporal. Desde la autorización de su uso por parte de la FDA, ha adquirido gran relevancia debido a su capacidad para mejorar el control de la glucemia y favorecer la pérdida de peso. Entre los medicamentos que contienen semaglutida como principio activo se encuentran Ozempic, Wegovy y Rybelsu.
El adecuado control de la glucemia representa un beneficio importante para la salud general de las personas con diabetes y también puede contribuir a reducir las complicaciones relacionadas con esta enfermedad, incluidas algunas alteraciones oculares. No obstante, se han descrito determinados cambios visuales y se ha estudiado la posible relación de estos medicamentos y algunas enfermedades oftalmológicas, particularmente la retinopatía diabética y la neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica.
La semaglutida pertenece al grupo de medicamentos que actúan sobre el receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1). Esta hormona participa en la regulación del apetito y de la glucosa. Al activar su receptor, la semaglutida favorece la sensación de saciedad, disminuye el apetito y estimula la secreción de insulina cuando los niveles de glucosa están elevados.
La reducción de la glucemia puede ser muy beneficiosa, pero los cambios relativamente rápidos en los niveles de azúcar también pueden producir modificaciones transitorias en la visión. Una de las manifestaciones que puede presentarse es la visión borrosa. Las variaciones de la glucosa sanguínea pueden modificar temporalmente la forma y las propiedades ópticas del cristalino, lo que altera la capacidad del ojo para enfocar adecuadamente.
Este fenómeno puede ser más evidente en personas de mayor edad. Con el envejecimiento, el cristalino pierde progresivamente su elasticidad, por lo que el sistema visual puede tardar más tiempo en adaptarse a las modificaciones de la glucemia.
En muchos casos, esta visión borrosa es transitoria y puede mejorar progresivamente durante los primeros meses del tratamiento, especialmente cuando los niveles de glucosa logran estabilizarse.
Uno de los temas que ha generado mayor interés es la posible asociación entre los medicamentos basados en semaglutida y la neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica. La neuropatía óptica es una enfermedad del nervio óptico producida por una alteración del suministro sanguíneo a este tejido y puede ocasionar una pérdida visual importante. Algunos estudios han planteado la posibilidad de que las personas que utilizan medicamentos agonistas del receptor GLP-1 puedan presentar un riesgo mayor de desarrollar esta enfermedad.
Sin embargo, la existencia de una asociación no demuestra necesariamente que la semaglutida sea la causa directa de la enfermedad. Hasta el momento, la evidencia disponible no es suficiente para establecer una relación causal definitiva ni para recomendar de manera general que los pacientes suspendan el tratamiento.
Además, las personas con diabetes presentan por sí mismas diversos factores de riesgo para enfermedades vasculares y oculares, incluida la neuritis óptica.
Por esta razón, cualquier decisión relacionada con iniciar, modificar o suspender el tratamiento debe realizarse de manera individualizada y en conjunto con el médico que atiende al paciente. Los pacientes que utilizan semaglutida y no presentan síntomas visuales deben continuar el tratamiento de acuerdo con las indicaciones recibidas. Ante la aparición de una alteración visual nueva o inesperada, especialmente una pérdida súbita de visión, es importante realizar una evaluación médica y oftalmológica oportuna.
Por su parte la retinopatía diabética constituye una de las complicaciones oculares más importantes de la diabetes mellitus. La exposición prolongada a niveles elevados de glucosa puede producir daño en los pequeños vasos sanguíneos de la retina, provocando alteraciones vasculares, hemorragias, edema y, en etapas avanzadas, pérdida significativa de la visión.
Se ha observado anteriormente que una disminución rápida y significativa de los niveles de glucosa puede asociarse, en determinados pacientes, con una progresión temporal de la retinopatía diabética. Por ello, el control metabólico debe realizarse de manera cuidadosa, especialmente en pacientes que presentan una enfermedad retiniana avanzada.
Esto no significa que las personas con diabetes deban evitar el tratamiento con semaglutida. Por el contrario, el control adecuado de la glucemia es un componente fundamental para reducir las complicaciones de la diabetes a largo plazo.
Los pacientes que utilizan estos medicamentos deben informar a su oftalmólogo acerca de todos los tratamientos que reciben y mantener sus controles oftalmológicos periódicos. La evaluación de la retina permite identificar oportunamente cualquier progresión de la enfermedad y establecer el tratamiento correspondiente cuando sea necesario.
Una alimentación equilibrada, la actividad física regular, el seguimiento médico y el control adecuado de las enfermedades asociadas continúan siendo elementos esenciales.
En los pacientes que, después de una evaluación médica, deciden utilizar semaglutida, es importante respetar la dosis y las indicaciones prescritas. También deben conocer los posibles efectos adversos y comunicar al médico cualquier síntoma nuevo, particularmente aquellos relacionados con la visión.
La presencia de visión borrosa durante el tratamiento puede estar relacionada con las modificaciones de la glucemia y no necesariamente representa un daño ocular permanente. Sin embargo, cualquier alteración visual persistente, progresiva o de aparición súbita debe ser evaluada por un profesional de la salud.
La relación entre los agonistas del receptor GLP-1 y las enfermedades de la retina continúa siendo objeto de investigación.
En conclusión, la semaglutida representa una herramienta importante para el manejo de la diabetes tipo 2 y el control del peso en pacientes seleccionados. Sus beneficios metabólicos pueden tener repercusiones favorables sobre la salud general y, a largo plazo, contribuir a disminuir algunas complicaciones relacionadas con la diabetes.
No obstante, pueden presentarse cambios visuales, especialmente durante las modificaciones iniciales de los niveles de glucosa. También se continúa estudiando su posible relación con determinadas enfermedades oculares, como la retinopatía diabética y la neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica.
Por ello, el uso de semaglutida debe acompañarse de un seguimiento médico adecuado y de controles oftalmológicos periódicos en los pacientes con diabetes. La decisión de iniciar o modificar este tratamiento debe considerar las características individuales de cada persona y realizarse conjuntamente con su equipo de salud. Además, el paciente debe conocer los síntomas visuales que lo obliguen en el menor tiempo posible acudir al oftalmólogo, como disminución de la agudeza visual, destellos de luz, puntos negros entre otros.
Dr. Juan Pablo Lagos C
Cirujano Oftalmólogo
Docente Universitario (UASD)
