n un contexto alarmante, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han emitido una alerta epidemiológica sobre el creciente número de intoxicaciones relacionadas con retos peligrosos en redes sociales. Estas actividades han cobrado fuerza principalmente entre adolescentes, quienes, en busca de validación social, se exponen al consumo de sustancias químicas tóxicas, como medicamentos no prescritos, productos cosméticos y domésticos.
Un estudio reciente de la OMS revela que el uso inapropiado de redes sociales afecta a más del 11% de adolescentes en regiones como Europa, Asia Central y América. Este fenómeno se asocia con consecuencias graves, incluyendo aislamiento social, adicción digital y problemas de salud mental. Además, la falta de alfabetización digital y la presión social son factores que intensifican el problema.
El informe señala que las prácticas más comunes incluyen la ingesta de cápsulas de detergente y otras sustancias nocivas, con efectos que van desde moderados hasta graves. Particularmente preocupante es el incremento de casos entre niños de 10 a 12 años, coincidiendo con la edad promedio en la que acceden a su primer teléfono móvil. Estas intoxicaciones reflejan la necesidad urgente de una intervención temprana.
La OPS/OMS destaca que las consecuencias de estos retos no solo son inmediatas, como problemas respiratorios o cardiovasculares, sino también a largo plazo, incluyendo afectaciones neurológicas y posibles intentos suicidas. Por ello, exhorta a los Estados Miembros a fortalecer la vigilancia y establecer mecanismos de alerta temprana, así como a promover campañas de prevención y educación digital.
Es fundamental que los sistemas de salud capaciten a sus profesionales para identificar y tratar adecuadamente las intoxicaciones. La integración de programas escolares y comunitarios que fomenten el uso responsable de redes sociales puede ser clave para abordar esta problemática desde la raíz.
En un llamado a la acción conjunta, la OPS/OMS enfatiza la importancia de la participación comunitaria y familiar, así como la rendición de cuentas por parte de las plataformas digitales, para mitigar los riesgos y proteger la salud de los adolescentes en entornos virtuales.
