La Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) advirtió recientemente sobre el aumento acelerado de la circulación del virus de la influenza A(H3N2), específicamente del subclado K (J.2.4.1), un linaje viral que ha ganado protagonismo en distintas regiones del mundo durante el año 2025. Esta situación ha sido documentada inicialmente en Europa y en países del este de Asia, donde la actividad gripal comenzó antes de lo esperado, marcando una temporada inusual tanto por su inicio temprano como por la rápida propagación de este subclado.
Desde el punto de vista científico, el subclado K deriva de virus A(H3N2) previamente circulantes y presenta cambios genéticos acumulados de manera natural en la hemaglutinina, una proteína clave que permite al virus unirse a las células humanas. Estas modificaciones han despertado el interés de los sistemas de vigilancia, ya que pueden influir en la transmisión del virus y en la respuesta del sistema inmunológico. No obstante, los análisis realizados hasta el momento indican que estos cambios no se han traducido en una mayor gravedad clínica de la enfermedad.
En Europa, el subclado K llegó a representar cerca de la mitad de las secuencias genéticas de influenza A(H3N2) notificadas entre mayo y noviembre de 2025. A pesar de este predominio, las autoridades sanitarias no han observado aumentos significativos en hospitalizaciones, ingresos a unidades de cuidados intensivos ni defunciones. Sin embargo, los especialistas recuerdan que el subtipo A(H3N2) históricamente se ha asociado con cuadros más severos en adultos mayores, lo que obliga a mantener una vigilancia estrecha, especialmente en contextos de envejecimiento poblacional.
En la Región de las Américas, la situación muestra un patrón de incremento sostenido, particularmente en América del Norte. Estados Unidos y Canadá han reportado un aumento de la influenza tipo A, con una mayor proporción de casos asociados al subtipo A(H3N2) y una presencia creciente del subclado K. A nivel global, los datos de secuenciación compartidos en plataformas internacionales confirman que este subclado se está expandiendo en múltiples regiones, con la excepción, hasta la fecha, de América del Sur, donde su circulación aún no ha sido documentada de manera significativa.
La sintomatología de la influenza A(H3N2), incluido el subclado K (J.2.4.1), no presenta diferencias clínicas específicas con respecto a otros virus de influenza estacional. De acuerdo con la evidencia disponible y los reportes de vigilancia internacional, este subclado no se ha asociado hasta el momento con manifestaciones nuevas ni con mayor gravedad intrínseca, sino que mantiene el cuadro clínico típico de la gripe, con variabilidad según la edad, el estado inmunológico y la presencia de enfermedades crónicas.
En adultos y adolescentes, el inicio suele ser brusco, caracterizado por fiebre alta (≥38 °C), escalofríos, cefalea intensa, malestar general marcado, fatiga extrema y dolores musculares y articulares. Estos síntomas sistémicos suelen ser más prominentes que en otros virus respiratorios y pueden limitar de forma significativa las actividades diarias durante varios días. La sensación de agotamiento puede persistir incluso después de que la fiebre haya cedido.
Los síntomas respiratorios incluyen congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta, tos seca o poco productiva y, en algunos casos, disfonía. La tos puede prolongarse por una o dos semanas tras la fase aguda. En personas con enfermedades respiratorias previas, como asma o EPOC, la influenza A(H3N2) puede desencadenar exacerbaciones, aumentando la dificultad respiratoria y la necesidad de atención médica.
En niños, además de fiebre y síntomas respiratorios, son frecuentes las manifestaciones gastrointestinales como náuseas, vómitos y diarrea, así como irritabilidad y rechazo a la alimentación. En lactantes, la presentación puede ser menos específica, con fiebre, letargo, llanto persistente o dificultad para alimentarse, lo que exige una vigilancia clínica más estrecha.
En adultos mayores y personas con comorbilidades (diabetes, enfermedades cardiovasculares, renales o inmunosupresión), la influenza A(H3N2), incluido el subclado K, puede evolucionar hacia formas más graves, como neumonía viral primaria o neumonía bacteriana secundaria, descompensación de enfermedades crónicas, hospitalización e incluso muerte. En este grupo etario, la fiebre puede ser menos evidente, y predominar la confusión, el decaimiento marcado o el deterioro funcional.
Se puede resumir por lo antes expuesto, el subclado K (J.2.4.1) se manifiesta clínicamente como una influenza estacional clásica, sin signos distintivos que permitan diferenciarlo de otros subtipos solo por la clínica. Por ello, las autoridades sanitarias insisten en la vacunación anual, el diagnóstico oportuno, el tratamiento precoz en casos indicados y la protección de los grupos de riesgo como las principales estrategias para reducir complicaciones y mortalidad asociadas a este virus.
Un aspecto clave que aporta tranquilidad es la evidencia preliminar sobre la efectividad de las vacunas contra la influenza. A pesar de las diferencias antigénicas observadas en el subclado K, los estudios disponibles indican que la protección frente a hospitalizaciones se mantiene en rangos similares a los de temporadas previas, especialmente en niños, y con una protección moderada en adultos. Esto refuerza el valor de la vacunación como principal herramienta de prevención, particularmente para reducir las formas graves de la enfermedad y la presión sobre los servicios de salud.
Las medidas preventivas frente a la influenza A(H3N2), incluido el subclado K (J.2.4.1), son las mismas recomendadas para la influenza estacional y continúan siendo altamente efectivas para reducir la transmisión, las complicaciones y la mortalidad. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), hasta el momento este subclado no requiere medidas extraordinarias adicionales, sino el fortalecimiento de las estrategias ya conocidas y validadas.
La vacunación anual contra la influenza es la principal medida preventiva. Aunque el virus A(H3N2) presenta variaciones genéticas, los datos disponibles muestran que la vacuna sigue ofreciendo una protección significativa, especialmente contra las formas graves de la enfermedad y las hospitalizaciones. La inmunización es fundamental en adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, embarazadas, niños pequeños y personal de salud, no solo para la protección individual, sino también para disminuir la carga sobre los servicios sanitarios.
Las medidas de higiene respiratoria y de manos continúan siendo esenciales. Lavarse las manos con agua y jabón o utilizar soluciones a base de alcohol, cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, y evitar tocarse la cara con las manos sin higiene previa reducen de manera significativa la transmisión del virus. Estas acciones son especialmente importantes en espacios cerrados, centros de salud, escuelas y transporte público.
La ventilación adecuada de los espacios y la reducción de la exposición en ambientes concurridos durante picos de circulación viral son estrategias complementarias clave. Mantener una buena circulación de aire, evitar aglomeraciones innecesarias y usar mascarilla en personas con síntomas respiratorios ayuda a limitar la propagación, sobre todo en contextos de alta transmisión comunitaria.
El aislamiento domiciliario de las personas con síntomas gripales es otra medida preventiva fundamental. Permanecer en casa durante la fase aguda de la enfermedad, evitar el contacto cercano con otras personas y no acudir a centros de trabajo, escuelas o eventos sociales contribuye a cortar la cadena de contagio, protegiendo especialmente a los grupos más vulnerables.
Una parte fundamental en las actividades de prevención es la vigilancia epidemiológica y la consulta médica oportuna, las cuales forman parte de la prevención a nivel comunitario. Acudir tempranamente a los servicios de salud ante síntomas compatibles con influenza, sobre todo en personas de riesgo, permite un diagnóstico adecuado y el inicio oportuno del tratamiento antiviral cuando está indicado, reduciendo complicaciones y desenlaces graves asociados a la influenza A(H3N2), incluido el subclado K (J.2.4.1).
Por Dr. Felvill Villalona. Epidemiólogo
Para saber más:
Organización Mundial de la Salud. (2024). Influenza (seasonal). https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/influenza-(seasonal)
Organización Panamericana de la Salud & Organización Mundial de la Salud. (2025). Nota informativa: Influenza A(H3N2) subclado K (J.2.4.1), consideraciones para la Región de las Américas (11 de diciembre de 2025). OPS/OMS.
2025-dic-11-phe-notaepi-h3n2-es…
Centers for Disease Control and Prevention. (2024). Signs and symptoms of flu. https://www.cdc.gov/flu/symptoms/index.html
European Centre for Disease Prevention and Control. (2025). Assessing the risk of influenza for the EU/EEA in the context of increasing circulation of A(H3N2) subclade K. ECDC. https://www.ecdc.europa.eu/
Sumner, K. M., Masalovich, S. N., O’Halloran, A., Holstein, R., Reingold, A., Kirley, P. D., et al. (2023). Severity of influenza-associated hospitalisations by influenza virus type and subtype in the USA, 2010–19: A repeated cross-sectional study. The Lancet Microbe, 4(11), e903–e912. https://doi.org/10.1016/S2666-5247(23)00187-8
Kirsebom, C., Thompson, C., Talts, T., Kele, B., Whitaker, H., Andrews, N., et al. (2025). Early influenza virus characterisation and vaccine effectiveness in England in autumn 2025, a period dominated by influenza A(H3N2) subclade K. Eurosurveillance, 30(46), 2500854. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41267661/
