Un aroma puede transportar a una persona a un recuerdo específico en cuestión de segundos. La explicación está en la forma en que el sentido del olfato se conecta con el cerebro, particularmente con las áreas responsables de la memoria y las emociones.
De acuerdo con especialistas en neurociencia, las señales de olor viajan desde la nariz hasta el bulbo olfatorio y de allí se conectan directamente con estructuras del sistema límbico, como la amígdala y el hipocampo, regiones cerebrales vinculadas con las emociones y el almacenamiento de recuerdos.
La neuropsicóloga Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología en Adultos de Fleni, explicó que cuando una persona percibe un aroma “la señal llega del bulbo olfatorio directamente al sistema límbico, donde se procesan memoria y emociones”, lo que provoca que el individuo sea transportado casi de inmediato a experiencias del pasado.
A diferencia de otros sentidos como la vista o el oído, la información olfativa no pasa primero por el tálamo, el principal filtro sensorial del cerebro. Esa vía más directa explica por qué los olores pueden generar respuestas emocionales rápidas e intensas.
Investigaciones citadas por Infobae Salud señalan que esta conexión también explica por qué ciertos aromas producen bienestar o rechazo de forma automática. Por ejemplo, olores asociados a experiencias tempranas —como la vainilla, presente en la leche materna y en fórmulas infantiles— suelen generar sensaciones placenteras inconscientes.
Por su parte, académicos consultados por el diario La Jornada indican que el ser humano posee millones de receptores olfativos capaces de distinguir miles de aromas y que el sistema olfativo está “directamente conectado con el sistema límbico, donde se desencadenan las emociones y los recuerdos”.
La neurocientífica Rachel Herz, investigadora de la Universidad de Brown y una de las principales especialistas en memoria olfativa, sostiene que ningún otro sistema sensorial está tan ligado a las redes neuronales responsables de la emoción y el aprendizaje como el olfato.
Además de su relación con la memoria autobiográfica, estudios recientes han mostrado que el olfato también puede ser un indicador temprano de enfermedades neurológicas. Alteraciones en la capacidad para percibir aromas se han asociado con trastornos como Alzheimer o Parkinson, lo que ha despertado interés en utilizar pruebas olfativas para la detección temprana de estas patologías.
Los expertos coinciden en que este sentido, a menudo subestimado, cumple un papel clave en la experiencia humana: no solo ayuda a percibir el entorno, sino que también conecta la biología con las emociones y los recuerdos más profundos.
Fuentes:
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Artículos de divulgación científica publicados en Infobae Salud sobre olfato, memoria y neurociencia.
