El virus sincitial respiratorio (VSR) es reconocido como una de las principales causas de infecciones respiratorias agudas en lactantes, niños pequeños, adultos mayores y personas con condiciones crónicas. Aunque se trata de un virus conocido desde hace décadas, su comportamiento entre 2020 y 2025 ha permitido observar cambios epidemiológicos significativos relacionados con la pandemia por COVID-19, así como avances históricos en prevención y vigilancia. Este periodo ha sido clave para comprender mejor el virus y reforzar las estrategias de salud pública en torno a él.
Durante 2020, la circulación del VSR experimentó un descenso sin precedentes a nivel mundial. Las medidas de contención establecidas para el control del COVID-19, como el uso obligatorio de mascarillas, el cierre de escuelas, el confinamiento social y la reducción de viajes, disminuyeron de manera drástica la transmisión de virus respiratorios tradicionales, incluido el VSR. Esta baja circulación generó un fenómeno de menor exposición inmunológica en niños nacidos durante esta etapa, lo cual tendría repercusiones en los años siguientes.
En 2021, cuando muchos países comenzaron a relajar las medidas establecidas por la pandemia, el VSR resurgió de manera inesperada y fuera de su estacionalidad habitual. Habitualmente, este virus circula durante los meses fríos del año; sin embargo, durante este periodo se observaron picos en primavera y verano en lugares donde antes no ocurría. Este fenómeno afectó principalmente a niños pequeños que no habían tenido contacto previo con el virus debido a su ausencia en 2020, generando brotes de mayor intensidad y un incremento considerable en hospitalizaciones pediátricas.
A lo largo de 2022, la circulación del VSR comenzó a retornar gradualmente a patrones más tradicionales, aunque algunos países registraron picos epidémicos más elevados en comparación con años previos a la pandemia. Este aumento se atribuyó a la acumulación de población susceptible, principalmente lactantes y niños que no habían sido expuestos durante 2020. El comportamiento del virus se tornó más predecible durante esta etapa, pero aún mostró mayor intensidad que en periodos anteriores.
Los años 2023 y 2024 se caracterizaron por brotes intensos y una demanda elevada de servicios hospitalarios, especialmente en áreas pediátricas. En muchos países, la circulación del VSR coincidió con brotes de influenza y COVID-19, lo que generó una presión adicional sobre los sistemas de salud. Las hospitalizaciones aumentaron principalmente en lactantes menores de seis meses, y se observaron complicaciones como bronquiolitis y neumonía con mayor frecuencia. Este periodo también se benefició del incremento en el uso de paneles diagnósticos multiplex, que permitieron una mejor identificación de virus respiratorios y una vigilancia más robusta.
Para 2025, la circulación del VSR muestra signos de estabilización y retorno a los patrones estacionales tradicionales. Las mejoras en la capacidad diagnóstica, el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y la incorporación de nuevas herramientas de prevención han contribuido a un mejor control del virus. En países donde ya se han implementado estrategias de inmunoprofilaxis como el anticuerpo monoclonal nirsevimab o vacunas dirigidas a embarazadas y adultos mayores, se ha observado una reducción significativa de casos graves y hospitalizaciones.
El VSR continúa representando un riesgo importante para ciertos grupos poblacionales. Los lactantes menores de seis meses, los prematuros, los niños con cardiopatías congénitas o enfermedades pulmonares crónicas, los adultos mayores y las personas inmunocomprometidas siguen siendo los más vulnerables a desarrollar complicaciones graves. En ellos, el VSR puede avanzar desde síntomas leves de resfriado común hacia bronquiolitis, neumonía, insuficiencia respiratoria o exacerbaciones de enfermedades preexistentes.
Los síntomas más frecuentes del VSR se asemejan a los de un catarro común e incluyen congestión nasal, tos persistente y fiebre leve. No obstante, cuando la infección progresa hacia las vías respiratorias inferiores, pueden presentarse signos de mayor alarma como dificultad respiratoria, respiración acelerada, silbilancias, hundimiento de las costillas al respirar y decaimiento general. En los adultos mayores, el virus puede manifestarse como una neumonía o un agravamiento de condiciones como asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
El diagnóstico del VSR se ha fortalecido considerablemente desde la pandemia de COVID-19. Hoy en día, la prueba PCR es el estándar de oro por su alta sensibilidad. Asimismo, los paneles respiratorios multiplex y las pruebas rápidas de antígeno han permitido una mejor detección en entornos clínicos y hospitalarios. El tratamiento continúa siendo principalmente de soporte, ya que no existe un antiviral específico para la mayoría de los casos. Este manejo incluye hidratación, control de fiebre, y en casos graves, oxigenoterapia o asistencia respiratoria.
En los últimos años, la prevención del virus sincitial respiratorio ha experimentado un avance histórico con el desarrollo y aprobación de las primeras vacunas eficaces contra este virus. Durante décadas, el VSR representó una deuda pendiente para la ciencia médica, debido a la complejidad de generar una respuesta inmunológica segura y duradera. Sin embargo, entre 2023 y 2025, la investigación científica logró superar estos desafíos, dando paso a estrategias preventivas que han comenzado a transformar el panorama epidemiológico mundial.
Las nuevas vacunas contra el VSR se desarrollaron a partir de un mayor entendimiento de la estructura del virus, especialmente de la proteína F en su forma prefusión, que es clave para que el virus infecte las células respiratorias. Al dirigir la respuesta inmunológica hacia esta proteína específica, las vacunas logran inducir anticuerpos altamente protectores, capaces de neutralizar el virus antes de que cause enfermedad grave. Este avance tecnológico permitió, por primera vez, obtener niveles de eficacia clínica significativos sin comprometer la seguridad.
Una de las principales estrategias aprobadas ha sido la vacunación de mujeres embarazadas. Esta vacuna se administra generalmente durante el tercer trimestre del embarazo y tiene como objetivo proteger al recién nacido a través de la transferencia de anticuerpos maternos por la placenta. De esta manera, el bebé nace con defensas pasivas que lo protegen durante los primeros meses de vida, que es precisamente el periodo de mayor riesgo para desarrollar bronquiolitis grave por VSR. Los estudios clínicos han demostrado que esta estrategia reduce de forma significativa las hospitalizaciones y los casos graves en lactantes menores de seis meses.
Otra población beneficiada por la introducción de las vacunas contra el VSR es la de los adultos mayores. A partir de los 60 años, el sistema inmunológico pierde progresivamente eficacia, lo que aumenta el riesgo de infecciones respiratorias graves. Las vacunas aprobadas para este grupo etario han demostrado reducir la incidencia de enfermedad respiratoria baja asociada al VSR, así como las hospitalizaciones y complicaciones, especialmente en personas con enfermedades crónicas como cardiopatías, diabetes o enfermedades pulmonares. Este avance es particularmente relevante, ya que el impacto del VSR en adultos mayores había sido históricamente subestimado.
En cuanto a seguridad, los ensayos clínicos y la vigilancia posterior a la aprobación han mostrado que las vacunas contra el VSR presentan un perfil de seguridad favorable. Los efectos secundarios más frecuentes son leves y transitorios, como dolor en el lugar de la inyección, fatiga o fiebre baja. No se han identificado eventos adversos graves que limiten su uso en las poblaciones indicadas, lo que ha permitido su rápida incorporación en programas de inmunización de varios países.
Es importante destacar que, aunque estas vacunas representan un avance trascendental, no sustituyen otras medidas de prevención. La higiene de manos, la ventilación de espacios cerrados y evitar el contacto cercano con personas enfermas siguen siendo estrategias fundamentales, especialmente en temporadas de alta circulación viral. La vacunación actúa como una capa adicional de protección que reduce la gravedad de la enfermedad y la carga sobre los servicios de salud.
Desde el punto de vista de la salud pública, la introducción de las vacunas contra el VSR tiene un impacto significativo en la reducción de hospitalizaciones pediátricas y en adultos mayores, así como en la disminución de costos asociados a la atención médica. Además, contribuye a aliviar la presión sobre los sistemas de salud durante los meses en que coinciden múltiples virus respiratorios, como influenza y COVID-19. Los primeros datos de implementación muestran una tendencia alentadora hacia una menor ocupación hospitalaria en los grupos vacunados.
En términos de impacto en salud pública, el VSR continúa siendo una de las principales causas de hospitalización pediátrica en el mundo. Sin embargo, la combinación de nuevas herramientas preventivas, un diagnóstico más accesible y una vigilancia epidemiológica fortalecida ha permitido mejorar el control del virus y reducir la carga asistencial en muchos países. El camino hacia un manejo más eficiente del VSR está avanzando de manera firme, y se espera que en los próximos años la incidencia de casos graves continúe disminuyendo.
Por: Felvill Villalona
Epidemiólogo
Para saber más:
Organización Mundial de la Salud (OMS). Virus sincitial respiratorio (VSR): información clave, vigilancia y prevención. Informes y actualizaciones técnicas 2020–2025.
