El 12 de octubre se conmemora el día mundial de la artritis. Aprovechando la ocasión, aquí algunas pinceladas sobre la Artritis Reumatoide.

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria, sistémica, crónica que se caracteriza por la inflamación (hinchazón) de las articulaciones, rigidez articular por las mañanas y limitación funcional. Por su característica sistémica, puede afectar además, otros órganos como los ojos, pulmones y el corazón, entre otros.

Aun no se conoce la causa específica, pero se conoce una lista larga de genes asociados, por lo que en una persona con la predisposición genética que se exponga a agentes ambientales (tales como agentes infecciosos, tóxicos, el tabaco, entre otros) está en mayor riesgo de padecerla. La AR es la más incapacitante de las enfermedades reumáticas y afecta al 0,5% de los adultos y es más frecuente en mujeres, en una proporción aproximada de 3:1. Su comienzo puede ocurrir a cualquier edad, aunque es más frecuente entre los 40-60 años.

Dentro de los criterios de clasificación de esta patología se encuentran: inflamación de múltiples articulaciones (sobre todo las articulaciones pequeñas), elevación de reactantes de fase aguda (eritrosedimentación y PCR), elevación de los anticuerpos Factor reumatoide y antiCCP y que el tiempo de evolución sea mayor de 6 semanas. Hoy en día, con los recursos actuales (pruebas de laboratorios y estudios de imágenes) el diagnóstico es cada vez más temprano, por lo que se ha podido instaurar tratamiento a tiempo y así evitando las complicaciones más comunes: deformidad articular, compromiso pulmonar y aumento del riesgo cardiovascular.

Aunque aún no existe una cura para este mal, actualmente contamos con una variedad de opciones terapéuticas avaladas por guías de práctica clínicas desarrolladas por organizaciones internacionales respetadas, tales como la ACR y la EULAR. El tratamiento va a incluir desde antiinflamatorios orales o sistémicos, fármacos modificadores de la enfermedad convencionales o biológicos, y otras moléculas pequeñas como los inhibidores JAK. Existen estudios de ensayo clínicos en proceso para la introducción de nuevas moléculas para el manejo de esta entidad. La AR debe ser manejada por el reumatólogo en conjunto con otras especialidades, dependiendo de las complicaciones asociadas. El objetivo del tratamiento es que el paciente logre control o remisión de su enfermedad, evitar complicaciones y pueda vivir una vida completamente normal.

Por: Dra. Diana Rozón

Reumatología e inmunología clínica/Medicina Interna

HEMMI (Hospital de Especialidades Médicas Materno Infantil Dr. Paulino Reyes)

dradianarozon@gmail.com

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