En diciembre del año 2019, se dio a conocer la noticia al mundo de un nuevo coronavirus, que pasó desde un animal a un humano en un mercado de la ciudad de Wuhan en China. Se construyeron diferentes hipótesis que dieron como probable transmisor al pangolín.

Ya teníamos experiencia con virus zoonóticos, pero las características de este lo convirtieron en un problema; pues, si bien su taza de letalidad es baja en comparación con otros virus como el ébola (3%), su largo periodo de incubación, la posibilidad de portadores asintomáticos y de cuadros leves no incapacitantes hicieron que se transmitiera con rapidez, se calcula que 1 persona contagiaba a 3.

Cada país tuvo que hacer balances entre su sistema de salud y su economía, así cada nación, según el tipo de gobierno, tomó medidas que iban desde el cierre de fronteras y toques de queda de 24 horas, hasta no hacer nada, como es el caso de Suecia.

Un mundo posmoderno

Es la era de la globalización, está marcada por la aparición del internet y la comunicación en tiempo real que han permitido vivir la pandemia de forma exhaustiva y con un exceso de información, algunas veces reales y otras no.

La población tiene una necesidad inmensa de información, como medio de mantener algo de control sobre esta situación que, sin dudas nos sobrepasa. Sin embargo, esta sobrecarga de contenidos y la repetición de los mismos datos en los medios de comunicación, genera un fenómeno de inundación que lleva a una saturación cognitiva.

7 características de la humanidad claves para comprender las conductas exhibidas

El hombre posmoderno se caracteriza por:

1. Consumismo

Los medios de comunicación y las grandes empresas dirigen las economías, generando necesidades, entre ellas el consumo de contenidos.

2. Inmediatez

La información en tiempo real nos ha llevado a ser impacientes y esta característica es totalmente contraria a lo que demanda de nosotros la epidemia, pues los estados han impuesto confinamiento indefinido y hasta ahora lo único que sabemos sobre el virus es que casi no sabemos nada.

3. Vivir en el hoy

Hay poco interés en el pasado, lo que lleva a que una masa importante de la población no pueda aprender de los errores cometidos anteriormente.

4. Privilegio de la forma sobre el fondo

Se privilegia la información que aparece en Twitter, Facebook e Instagram y se revisa poco la evidencia científica e incluso la prensa formal.

5. Idolatría a las figuras pública, a las redes sociales y los medios de comunicación

En estos momentos, la mayoría de las personas da más importancia a lo que se dice en las redes sociales que a la información derivada de investigaciones. Nos basamos más en las opiniones de lo blogueros e influencers que en la de los científicos y conocedores de un tema.

6. Hay un cuestionamiento constante de todo

Pero, mucha veces basado en el “yo creo” más que en datos, se usa el sentido común, pero sabemos bien que el sentido común es el menos común de los sentidos. Esto genera mucho malestar sobre las medidas que se van tomando porque cada quien piensa que tiene la razón; además, el uso de las redes sociales permite a las personas la expresión de ideas, que a veces, han sido actos impulsivos y solo potencian la incertidumbre y malestar de otros.

7. Subjetividad y relatividad

La realidad absoluta no existe, pues “todo depende del color del cristal con el que se mire”, hay que dar espacio a las emociones prevalecerlas sobre la razón, porque se considera la razón pura como algo artificial y alejado de la forma en como realmente vivimos.

Se impone la idea de que es necesario tomar en cuenta la opinión de todos y las diferencias siempre son conciliables. Esta idea que en principio parece justa, es la fórmula perfecta para el caos en momentos como estos donde es necesario tomar decisiones con rapidez que favorezcan a la mayor cantidad de individuos, pero no necesariamente a todos.

¿Cuál era el panorama mundial?

El Sars-cov2 se encuentra con un panorama ya bastante complicado a nivel geopolítico, económico, social y ambiental.

En el comienzo del 2020, Donald Trump inicia su cuarto año en el poder y se plantean las elecciones de Estados Unidos para noviembre. Rusia se encuentra en el cuarto periodo de Vladimir Putín. La tensión entre China y Estados Unidos se incrementa y se fortalece la asociación estratégica entre China y Rusia, coalición que tiene tentáculos en América.

La economía de China sigue creciendo. Se mantienen las discusiones sobre el Brexit en Inglaterra y su efecto sobre la unión europea.

La guerra en Siria no cesa, se mantiene el conflicto bélico en Yemen, ya se ha dado la fractura dentro del islam entre Chiitas y Sunníes con la consecuente guerra religiosa entre ellos. Se profundizan las dificultades económicas en África. Se producen fuertes incendios en Australia que amenazan con la extinción de especies animales.

La globalización comienza a entrar en crisis debido a la centralización que viven algunos países (con Estados Unidos a la cabeza) y en América se vive una decadencia de la democracia con el resurgir de gobiernos de tendencia izquierdista. Se da una serie de sismos en Puerto Rico, y se anuncian la posibilidad de 13 ciclones en el Caribe.

Se recrudecen las tensiones producto de la guerra tecnológica y el cambio climático está pisando nuestros talones.

Se hace evidente el aumento de la desigualdad social y el exceso de la deuda en los países. Es decir, estamos a las puertas de una recesión económica, que se precipitó con la llegada del Covid-19 y según muchos economistas apenas estamos viendo los primeros impactos.

Es frente a este panorama, que finalmente en 9 de enero, China reconoce la emergencia nacional por el aumento vertiginoso de los casos y las muertes, sin embargo, muchos mandatarios subestiman el impacto de la enfermedad y aun sin conocerla bien, algunos proponen la inmunidad de rebaño como opción iniciativa, que fue descartada en Inglaterra, pero llevada a cabo en Suecia.

Ya para el 20 de enero y contra todo pronóstico de Donald Trump, Estados Unidos comienza a tener casos. En Italia, el 30 de enero se inicia una de las crisis de salud más grandes en la historia de la humanidad, superando el número de infectados y muertos de China, España no tarda en entrar en emergencia y solo una semana después comienza el brote de la enfermedad.

El 25 de febrero se diagnostica el primer caso en América, un paciente en Brasil, luego de que Bolsonaro hubiera desestimado el alcance de la enfermedad. El 28 de febrero la situación es generalizada para América y, en Ecuador inicia una crisis de salud sin precedentes. El 11 de marzo la OMS declara una pandemia, debido a la expansión global del virus

¿Cómo es la Latinoamérica que recibió al virus?

Podríamos decir que tuvimos la ventaja de que el virus nos alcanzó en un momento en el que ya se sabía un poco más sobre la enfermedad, aunque, con la desventaja que las grandes potencias y los principales productores de insumos médicos se encontraban colapsados, por lo que la amenaza del desborde de los sistema de salud estaba latente y para algunos países fue inminente, como es el caso de Ecuador.

¿Era factible hacer una comparación lineal entre lo ocurrido en Europa y Asia y lo que podía ocurrir en Latinoamérica?

Evidentemente la respuesta es no, porque somos poblaciones muy distinta desde diferentes puntos de vista.

Altos niveles de religiosidad

Las iglesias apoyaron a la ciencia y exhortaron a sus feligreses a quedarse en casa y para muchos la fe es una forma de conseguir calma y esperanza. Pero, encontramos casos como el peregrino en República Dominicana, que generó, en nombre de Dios, una concentración de creyentes sin las medidas preventivas para evitar la expansión del virus.

Sistemas de salud precarios

Son bien conocidas las críticas a la salud pública en nuestros países, y frente a la pandemia los hospitales debían estar fortalecidos con insumos y personal médico para evitar el colapso.

Desigualdad social

La desigualdad es la característica social más predominante de Latinoamérica, así que mientras algunos se confinaban en casa con las neveras llenas, un importante sector de la población se vio en la necesidad de salir a las calles para poder subsistir, el problema está en que esta franja poblacional es, precisamente la que tiene menor escolaridad y podrían, sin saberlo, estar incurriendo en conductas de riesgo para infectarse.

Población predominantemente joven

Latinoamérica tiene un gran ventaja, la población es joven y podemos esperar que sean más resistentes frente al virus. Sin embargo, la población de envejecientes padece una gran cantidad enfermedades comórbidas asociadas al estilo de vida que tuvieron y esto incrementa el riesgo de complicación si se llegaran a infectar.

Desconfianza en los gobiernos

Debido a como son los sistema de gobierno y la gran corrupción que caracteriza a Latinoamérica, la población tiene poca confianza en las medidas que se toman, lo que genera malestar y suspicacia. Además, los países latinos históricamente son heterogéneos y la mezcla de culturas lleva a una mayor dificultad para llegar a acuerdos ciudadanos.

Altos índices de pobreza y de alfabetismo funcional

Esto tiene consecuencias al menos en dos ámbitos, por una parte, una cantidad importante de personas se ve obligada a salir a trabajar, aumentando el riesgo de contagio.

Por otra, la población de más bajo nivel socioeconómico tiene un menor desarrollo de las habilidades metales superiores, asociados a muchos factores, como la menor escolarización, la alimentación no balanceada y la menor calidad de la estimulación respecto a las personas con mayor nivel socioeconómica.

Esto, en general, complica la comprensión y realización correcta de las instrucciones. Debido a una mayor rigidez cognitiva, presentan dificultades para la adaptación a rutinas nuevas y esta es una de las demandas de la enfermedad, pues ahora debemos acostumbrarnos a usar mascarillas y guantes, guardar distancia física y ha habido un cambio en la dinámica social y laboral

Por otra parte, al toma de decisiones se puede ver interferida, debido a la situación y asociado a alteraciones emocionales asociadas al encierro, así lo muestra, la cantidad de apresados por incumplir el toque de queda, el aumento de consumo de alcoholes adulterados y las compras compulsivas, entre otras.

¿Y lo que viene?

Son muchas las hipótesis en relación a lo que puede ocurrir de ahora en adelante, hay expectativa sobre las consecuencias de la enfermedad en el cuerpo, sobre la vacuna, la situación económica y especialmente con relación a como tendremos que cambiar algunas de las costumbres sociales a las que estábamos acostumbrados, es indispensable que, cuando ya estamos más cerca de que se acaba al confinamiento, comencemos a pensar en esto hablemos con nuestros hijos, padres y familiares para hacer consciencia, porque sin duda, viene cambios importantes.

Por:

María Alejandra Correa Oliveira

Neuropsicólogo clínico

Psicólogo clínico

Psicoterapeuta.

Psi.alejandracorrea@gmail.com

@psi.alejandracorrea

Por: Dr. Víctor L. Figueroa A. – Médico Psiquiatra

Psiquiatrafigueroa.com

psiquiatrafigueroa@gmail.com

Deja un comentario