Un estudio clínico reciente publicado en la revista Science Translational Medicine pone en duda uno de los pilares del ayuno intermitente: que solo con cambiar las ventanas de alimentación se obtendrían beneficios metabólicos y cardiovasculares. La investigación, realizada por el Instituto Alemán de Nutrición Humana Potsdam-Rehbruecke (DIfE) y la Universidad de Medicina de Berlín, concluyó que alterar el horario de las comidas sin disminuir la ingesta calórica no genera mejoras significativas en importantes marcadores de salud.
El estudio, denominado ChronoFast, incluyó a 31 mujeres con sobrepeso u obesidad que alternaron dos esquemas de alimentación uno temprano (de 8:00 a 16:00) y otro tardío (de 13:00 a 21:00) manteniendo siempre la misma cantidad de calorías y nutrientes. Durante dos semanas en cada esquema, se evaluaron parámetros como sensibilidad a la insulina, niveles de glucosa, perfil lipídico y marcadores de inflamación. Los resultados mostraron que el simple cambio de horario no produjo mejoras metabólicas ni favoreció la pérdida de peso cuando no se redujeron las calorías.
Un análisis experto: ayuno versus déficit calórico
El médico legista y especialista en nutrición Martín Carrizo (MN 123.838) destacó la rigurosidad del diseño del ensayo, que eliminó variables genéticas e interindividuales al permitir que cada participante actuara como su propio control. Para Carrizo, los beneficios atribuidos tradicionalmente al ayuno intermitente en estudios previos podrían haberse debido, más que al régimen de horarios, a una reducción involuntaria de calorías por parte de los participantes.
“La restricción horaria no mejora por sí misma la sensibilidad a la insulina, la glucosa ni los marcadores inflamatorios cuando no hay pérdida de peso”, explicó Carrizo, subrayando que el déficit calórico es el factor determinante en las mejoras metabólicas observadas en otros trabajos científicos.
Más allá de la hora de las comidas: riesgos y consideraciones
Aunque el estudio no identificó beneficios clínicos notables por cambiar la ventana alimentaria, sí observó que los ritmos circadianos de las participantes se desplazaron dependiendo del horario de ingesta. Esta alteración del reloj biológico podría influir en patrones de sueño y otros procesos fisiológicos, aunque sus implicancias clínicas aún requieren más investigación. �
Carrizo también advirtió sobre posibles efectos no deseados del ayuno intermitente cuando se utiliza sin supervisión profesional. Entre ellos mencionó la secreción de la hormona inactiva T3 Reversa, que puede bajar el gasto energético basal y favorecer lo que se conoce como “modo ahorro” del cuerpo, predisponiendo al temido efecto rebote al normalizar la ingesta calórica. Además, las ventanas de alimentación reducidas podrían dificultar la cobertura adecuada de micronutrientes esenciales como vitaminas y oligoelementos. �
Claves para profesionales de la salud
Expertos consultados en el marco del estudio recomiendan que, si se considera el ayuno intermitente como estrategia para perder peso o mejorar la salud metabólica, este debe integrarse dentro de un plan clínico supervisado. Esto incluye evaluaciones previas del perfil glucémico, función tiroidea, lípidos en sangre y medición de micronutrientes, así como un monitoreo continuo para detectar cambios no deseados.
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Entrevista y análisis del Dr. Martín Carrizo, médico especialista en nutrición y analista del estudio científico.
