La obesidad es una enfermedad crónica que va más allá del peso corporal y puede comprometer la salud cardiovascular. Su relación con la hipertensión arterial, las alteraciones del colesterol y la diabetes tipo 2 hace necesario un abordaje que contemple estos factores de manera integral.
En 2022, más de 1,000 millones de personas vivían con obesidad en el mundo, según las estimaciones citadas en el material difundido. Además, la evidencia científica ha relacionado esta condición con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
El doctor Víctor Nolasco, gerente médico de Obesidad y Diabetes para Adium Centroamérica y el Caribe, explicó que el exceso de grasa corporal, especialmente la acumulada alrededor de los órganos, puede favorecer procesos inflamatorios y alteraciones metabólicas que afectan la presión arterial y la respuesta del organismo a la insulina.
Estos mecanismos pueden contribuir al desarrollo de hipertensión, enfermedad coronaria, arritmias e insuficiencia cardíaca. En algunos pacientes, también pueden producir cambios en la estructura y el funcionamiento del corazón, con manifestaciones como fatiga y dificultad para respirar.
Una visión cardiometabólica
El abordaje de la obesidad requiere evaluar más que el índice de masa corporal. La distribución de la grasa, la presión arterial, los niveles de glucosa y colesterol, la calidad del sueño, la actividad física y las enfermedades asociadas forman parte de los aspectos que pueden considerarse durante la evaluación clínica.
Un consenso de la Sociedad Europea de Cardiología publicado en 2024 destaca la relación entre obesidad y enfermedad cardiovascular y plantea la importancia de identificar y tratar los factores de riesgo de manera coordinada.
El objetivo no es únicamente reducir el peso, sino también mejorar la salud metabólica y cardiovascular, de acuerdo con las necesidades y condiciones de cada paciente.
Tratamiento individualizado
Las intervenciones en el estilo de vida continúan siendo fundamentales e incluyen alimentación equilibrada, actividad física adaptada, atención al sueño y apoyo psicológico cuando sea necesario.
En determinados casos, el tratamiento puede incorporar medicamentos aprobados para el manejo de la obesidad o procedimientos quirúrgicos, siempre después de una evaluación médica individualizada y con seguimiento profesional.
Nolasco señaló que los objetivos terapéuticos deben centrarse en mejorar la salud y la calidad de vida, más allá de los cambios que refleje la balanza.
La evidencia disponible refuerza la importancia de reconocer la obesidad como una enfermedad crónica que requiere atención continua y una evaluación integral de sus posibles consecuencias, incluidas las cardiovasculares.
