Debido al aislamiento que estamos viviendo es probable que comencemos a notar que se nos pierden las cosas, nos cuesta mantener el hilo de la conversación y tenemos dificultades para concentrarnos en lo que hacemos. También, podremos observar cambios en el comportamiento de nuestros adultos mayores, aún más si tienen algún tipo de condición como el Alzheimer.

¿Qué es la cognición?

Es el conjunto de capacidades, que nos permiten atender, concentrarnos, memorizar, percibir y darle sentido a lo que vemos y oímos, comunicarnos, organizar información, resolver problemas, entender un chiste, ser éticos, sentir empatía y en general, relacionarnos con el ambiente.

El aislamiento y la cognición

El aislamiento implica cambios en la vida de todos: la adaptación a la nueva rutina, tensión en las relaciones familiares, condiciones poco favorables a nivel económico, miedo frente a la posibilidad de contagiarnos o de que personas queridas enfermen. Esto puede interferir con nuestras habilidades mentales y favorecer la aparición de síntomas afectivos.

Consideremos el siguiente escenario: usted se encuentra en casa, el número de estímulos se ha reducido, pues no está yendo al trabajo, no hay deportes que ver y las horas frente al televisor son, en su mayoría, un bombardeo de información sobre la pandemia.

En el caso del adulto mayor, agregue que ya no hay visitas de los nietos, no puede salir a dar su paseo en la tarde, se han suspendidos las reuniones con los amigos y cuando habla con sus hijos, percibe en ellos preocupación. Esto queda dando vueltas en su cabeza y sumado a la gran cantidad de tiempo libre, se da un caldo de cultivo para un trió peligroso: ansiedad, depresión y fallas cognitivas.

Imaginemos ahora la situación de una persona con deterioro cognitivo: a todo lo anterior, se añade la dificultad para adaptarse a las nuevas rutinas (típica en esta patología) y la ansiedad que le genera el no poder llevar a cabo las actividades a las que ya se iba acostumbrando (por ejemplo, ir a sus terapias o hacer ejercicios). Si sumamos que los cuidadores están estresados por las dificultades a las que nos enfrenta el Covid-19 y porque ahora deben atender a su familiar durante más horas al día, se inicia un espiral en el que el paciente puede tornarse irritable, aislado o triste; puede aumentar la demanda de cuidado o desear permanecer más horas en la cama y lamentablemente, se agudizará el deterioro en sus funciones mentales.

Emociones y cognición

Nos estamos adaptando a nuevas rutinas y nos encontramos bajo el estrés del Covid-19 y de las consecuencias que podrá tener. Entonces, nuestro afecto y la sobrecarga de tareas interfiere con la atención y lleva a que tengamos deslices como extraviar las llaves, dejar la estufa encendida o no encontrar el control de la tele.

Lo que ocurre es que la atención es la función que permite la entrada de infomación a nuestra mente, así que es como si quisiéramos grabar un programa en la televisión, pero no encendamos el equipo.

También podemos estar teniendo conductas poco habituales como las compras impulsivas, el aumento de consumo de alcohol, cambios en el ciclo del sueño, pesadillas y alteraciones en el apetito, entre otras.

La buena noticia

Si usted es joven o no había presentado fallas importantes de este tipo antes de la pandemía, considere que es un fenómeno reversible, si toma las medidas a tiempo.

Hasta hace algunos años, se pensaba que a medida que la personas avanzaban en edad, su cerebro dejaba de producir nuevas neuronas y conexiones entre ellas. Pero hoy se sabe que el cerebro tiene una capacidad innata de fortalecerse y de recuperarse y más alentador aún, esto también es posible en pacientes con patología cerebral, aunque con sus limitaciones.

¿Porqué ocurre esto?

Principalmente porque la capacidad para aprender se puede estimular, consiguiendo cambios modestos a nivel de algunas áreas cerebrales, gracias a la producción de BNDF una proteína que ayuda a la formación de nuevas neuronas y al aumento de las conexiones entre ellas, sobre todo en el hipocampo, estructura asociada al almacenamiento y recuperación de la información (memoria) y que, como parte del circuito emocional, puede potenciar la producción de químicos en el cerebro que incrementan el buen estado de ánimo.

Los ejercicios cognitivos y físicos, la relajación, la terapia ocupacional, la musicoterapia y el entrenamiento en habilidades sociales incrementan la reserva cerebral: cantidad de neuronas y sus conexiones y la reserva cognitiva: capacidad de “hacer cosas” con la reserva cerebral (algo así como el hardware y el software de una computadora). Además, aumentan la funcionalidad, mejoran el estado de ánimo y la condición mental.

Sin embargo, si el estrés se sostiene en el tiempo y las fallas cognitivas no se corrigen, se pueden generar consecuencias perjudiciales a largo plazo. La misma plasticidad cerebral que nos favorece cuando ejercitamos nuestra mente, podría jugarnos en contra y hacer que los cambios generados en nuestro funcionamiento sean duraderos y difíciles de revertir.

Es fundamental que consideremos esto durante el tiempo que debamos estar en aislamiento, tiempo que es difícil estimar y que será más largo en los adultos mayores.

Cómo hacerlo sin salir de casa

Utilicemos las nuevas tecnologías, hagamos cosas diversas, busquemos tiempo para ejercitarnos, bailar, hacer relajación, aprender un nuevo idioma, incursionar en la cocina, la música, juguemos parchís, damas, ajedrez, aprovechemos que muchas empresas han abierto la posibilidad de acceder a espectáculos virtualmente (libros, comedia, circo, conciertos).

Vamos a invitar a nuestros envejecientes a reunirse con sus amigos y familiares por vídeo llamadas, fomentemos la estimulación a través de las redes, hagamos que formen parte de grupos online.

Recordemos que la adaptación que tendremos que hacer cuando la ola haya pasado será fundamental para evitar nuevos brotes, así que vayamos introduciendo nuevos estilos de vida.

Por: María Alejandra Correa Oliveira

Psicólogo clínico

Neuropsicólogo clínico

Psicoterapeuta.

Psi.alejandracorrea@gmail.com @psi.alejandracorrea

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