Santo Domingo.– Una persona en República Dominicana puede esperar casi seis años para acceder a un medicamento innovador desde su aprobación hasta que este logra estar disponible para los pacientes, según los resultados del indicador WAIT 2026 (Waiting to Access Innovative Therapies).
El estudio, elaborado por IQVIA y FIFARMA con participación de organizaciones farmacéuticas de la región, sitúa en 71 meses el tiempo de espera registrado en el país: 37 meses corresponden al proceso de aprobación y otros 34 meses al acceso.
La cifra supera el promedio de 68 meses de América Latina, lo que evidencia las dificultades que todavía enfrentan los sistemas de salud de la región para convertir los avances de la innovación farmacéutica en tratamientos disponibles para los pacientes.
Una espera que puede tener consecuencias
Más allá de los números, el tiempo de acceso puede tener implicaciones en la evolución de una enfermedad. De acuerdo con Fernando Vizquerra, director ejecutivo de Fedefarma, una espera prolongada puede retrasar el inicio del tratamiento y favorecer la progresión de algunas enfermedades, especialmente aquellas de carácter crónico en las que la intervención oportuna resulta determinante.
El informe también plantea que, mientras aumenta la disponibilidad de nuevas terapias, el acceso en América Latina continúa concentrándose principalmente en medicamentos lanzados antes de 2020. Para los tratamientos introducidos a partir de 2021, la disponibilidad es inferior al 50 %.
El desafío de la inversión en salud
El estudio coloca además la atención sobre el financiamiento sanitario. Los países latinoamericanos analizados destinan, en promedio, cerca de dos puntos porcentuales menos del PIB al sector salud que el 6,5 % recomendado por la OCDE.
República Dominicana registra una inversión equivalente al 2,9 % del PIB, la segunda más baja entre los 10 países incluidos en la investigación, solo por encima de México.
El indicador WAIT señala que las brechas de acceso responden a múltiples factores, entre ellos los procesos regulatorios, el financiamiento y la capacidad de los sistemas sanitarios para incorporar nuevas tecnologías.
En el caso dominicano, el sector farmacéutico reconoce avances regulatorios recientes, entre ellos mecanismos de reliance que permiten tomar como referencia evaluaciones realizadas por organismos internacionales como la FDA y la OMS para agilizar determinados procesos de registro.
El reto, sin embargo, va más allá de aprobar un medicamento. La verdadera medida del acceso ocurre cuando una terapia innovadora, una vez autorizada, logra llegar efectivamente al paciente que la necesita.
