La Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) advirtió que las condiciones oceánicas y atmosféricas observadas hasta junio de 2026 indican una rápida transición hacia un nuevo episodio del fenómeno El Niño, con una probabilidad del 82 % de desarrollarse durante 2026 y del 96 % de mantenerse hasta inicios de 2027. Según el informe, este evento podría provocar temperaturas superiores a lo normal, sequías prolongadas en algunas regiones y lluvias intensas en otras, generando importantes repercusiones sanitarias, sociales y económicas en todo el continente.
El análisis señala que los mayores riesgos para la salud estarán relacionados con el incremento de enfermedades transmitidas por el agua y por vectores, la desnutrición, el estrés por calor, las enfermedades respiratorias, la afectación de la salud maternoinfantil, el deterioro de la salud mental, el aumento de la violencia basada en género y los accidentes por animales venenosos. Tanto los escenarios de sequía como los de inundaciones representan amenazas de muy alto riesgo, especialmente para poblaciones vulnerables como niños, adultos mayores, comunidades indígenas, migrantes y personas que viven en condiciones de pobreza.
La OPS destaca que las enfermedades con mayor probabilidad de aumentar durante este período incluyen dengue, chikungunya, Zika, fiebre amarilla, oropouche, malaria, cólera y otras enfermedades diarreicas, favorecidas por cambios en la temperatura, la disponibilidad de agua y la proliferación de mosquitos y otros vectores. Además, advierte que la interrupción de los programas de vacunación y de los servicios de salud podría incrementar el riesgo de brotes de enfermedades inmunoprevenibles, particularmente sarampión, en comunidades con bajas coberturas vacunales.
Desde el punto de vista climático, el informe prevé un aumento de las temperaturas en gran parte de América, especialmente en Centroamérica, el Caribe y amplias zonas de Norte y Sudamérica. Paralelamente, se esperan precipitaciones inferiores al promedio en el Corredor Seco Centroamericano, el Caribe y el norte de Sudamérica, mientras que sectores de la costa del Pacífico de Ecuador, Perú y el Cono Sur podrían experimentar lluvias superiores a lo normal, con riesgo elevado de inundaciones, deslizamientos y daños a la infraestructura crítica.
Las consecuencias también alcanzarían la seguridad alimentaria y la economía regional. La OPS advierte que la disminución de las lluvias y las olas de calor podrían reducir la producción agrícola y pecuaria, disminuir la disponibilidad de agua y aumentar los precios de los alimentos, agravando la inseguridad alimentaria y la malnutrición. En contraste, las lluvias extremas podrían destruir cultivos, afectar las cadenas de suministro y ocasionar pérdidas económicas significativas. Estas condiciones profundizarían las desigualdades existentes y aumentarían la presión sobre los sistemas sanitarios y de protección social.
El informe subraya que las consecuencias del fenómeno no se limitan a las enfermedades infecciosas. Las olas de calor incrementarán los casos de deshidratación, agotamiento y golpe de calor; los incendios forestales deteriorarán la calidad del aire y favorecerán enfermedades respiratorias y cardiovasculares; mientras que las inundaciones ocasionarán lesiones, desplazamientos poblacionales y afectaciones a la salud mental. Asimismo, el deterioro de los servicios de agua potable y saneamiento incrementará el riesgo de enfermedades gastrointestinales y otros eventos de salud pública.
Ante este escenario, la OPS hace un llamado a los ministerios de salud y a los sistemas nacionales de vigilancia epidemiológica para fortalecer la preparación antes de que los efectos del fenómeno alcancen su máxima intensidad. Entre las principales recomendaciones destacan reforzar la vigilancia basada en riesgos climáticos, garantizar la continuidad de los programas de inmunización, asegurar el acceso a agua segura, fortalecer el control de vectores, proteger a las poblaciones vulnerables y desarrollar estrategias de comunicación del riesgo y respuesta multisectorial que permitan reducir la morbilidad y mortalidad asociadas al fenómeno.
Finalmente, la OPS concluye que El Niño 2026–2027 representa una amenaza sanitaria de alcance regional, cuyos efectos podrían extenderse durante uno o dos años después de su inicio. Aunque la magnitud de los impactos dependerá de las condiciones locales y del nivel de preparación de cada país, el organismo enfatiza que la adopción temprana de medidas preventivas permitirá disminuir considerablemente las consecuencias sobre la salud, la seguridad alimentaria y el bienestar de millones de personas en las Américas.
Por Dr. Felvill Villalona
Epidemiólogo
