Hay cifras que muestran cuánto trabaja un sistema de salud, pero también hay preguntas que esas cifras, por sí solas, no pueden responder: ¿Cuántas personas logran resolver su problema de salud? ¿Cuántas deben regresar porque todavía necesitan atención? ¿Cuántas consiguen completar sus estudios y tratamientos sin encontrar nuevas barreras?
Según la Memoria Institucional Anual de 2025 del Servicio Nacional de Salud (SNS), la red pública registró 5,138,561 consultas generales en el primer nivel de atención, además de 630,509 visitas domiciliarias y más de 2.7 millones de pruebas de laboratorio. Son cifras que permiten dimensionar la actividad de los servicios públicos, pero también nos llevan a una pregunta necesaria: ¿cómo medimos cuánto de esa atención se traduce en respuestas oportunas para los pacientes?
Más allá de las estadísticas, está el paciente
El Repositorio de Información y Estadísticas de Servicios de Salud (RIESS), del SNS, permite consultar los registros de producción de la red pública y conocer el volumen de servicios ofrecidos, esta información es fundamental para evaluar la actividad sanitaria, aunque las cifras de consultas, pruebas y procedimientos no bastan por sí solas para determinar si las personas logran completar sus procesos de atención.
Una consulta puede ser apenas el comienzo de un recorrido que incluya análisis de laboratorio, estudios diagnósticos, medicamentos, referencias a otros centros y visitas de seguimiento, por lo que la experiencia del paciente no termina cuando sale del consultorio, sino cuando consigue avanzar en su tratamiento y encuentra respuestas a sus necesidades.
Por eso, además de conocer cuántos servicios se ofrecen en los hospitales y centros de salud, es importante evaluar cuánto tiempo debe esperar una persona para recibir atención, si encuentra disponibles los medicamentos que necesita y qué facilidades tiene para completar sus estudios y tratamientos. Estos indicadores ayudarían a comprender mejor la capacidad de respuesta del sistema y a identificar las dificultades que todavía afectan el acceso a los servicios de salud en República Dominicana.
Reconocer la producción de la red pública es importante, pero también debemos preguntarnos qué ocurre después de cada consulta y cuáles son los obstáculos que enfrenta el paciente para continuar su atención. No se trata de restar valor al trabajo de los establecimientos sanitarios, sino de ampliar la mirada para que las estadísticas sirvan no solo para registrar actividades, sino también para orientar decisiones y mejorar los servicios.
Al final, la calidad de un sistema sanitario no se refleja únicamente en la cantidad de consultas realizadas, sino en su capacidad para acompañar al paciente, ofrecer atención continua y evitar que una necesidad de salud se convierta en un problema mayor por falta de seguimiento o por dificultades de acceso.
Porque detrás de cada cifra hay una historia, y el verdadero valor de los servicios de salud está en las respuestas que recibe cada persona cuando más las necesita.
Por: Cristina Piantini Suardi

