Hay una pregunta que, como periodista de salud, considero necesario mantener sobre la mesa: ¿por qué, después de tantos años hablando de prevención y atención primaria, todavía no hemos logrado consolidar este modelo para toda la población?
Los distintos partidos que han gobernado el país en los ultimos año han tenido la responsabilidad de impulsar esa transformación, pero la falta de continuidad en las políticas públicas y las prioridades de cada gestión han dificultado que la atención primaria avance como una verdadera política de Estado.
La salud no puede depender de los cambios de gobierno ni quedarse atrapada entre promesas, planes y reformas que no terminan de materializarse, en medio de esta deuda pendiente también está la lucha de los médicos familiares y comunitarios, quienes llevan años reclamando que se fortalezca el primer nivel y se reconozca el papel de su especialidad.
La SODOMEFYC ha advertido sobre la necesidad de incorporar a estos profesionales en las decisiones que afectan la atención primaria, mejorar las condiciones de los centros y garantizar que puedan ejercer con los recursos necesarios. En otras palabras, no basta con tener médicos familiares formados si el sistema no aprovecha plenamente sus competencias.
El problema tampoco se resuelve inaugurando o remozando centros que no dispongan de personal, medicamentos, pruebas diagnósticas y capacidad de seguimiento, la atención primaria efectiva debe prevenir, detectar a tiempo, tratar las condiciones que puede resolver y coordinar la atención especializada cuando sea necesaria, evitando que el paciente tenga que recorrer distintos establecimientos sin encontrar respuesta.
Fortalecer este modelo exige voluntad política, inversión sostenida y diálogo con quienes conocen de cerca las necesidades de las comunidades. La atención primaria no puede cambiar con cada gobierno ni construirse al margen de los médicos llamados a hacerla realidad.
La salud de la población necesita continuidad, y la prevención debe dejar de ser una promesa para convertirse en una respuesta concreta y cotidiana.
Por: Cristina Piantini Suardi

