Existe un dato que dice mucho sobre el momento que vive nuestro país, cada vez más hospitales públicos cuentan con Unidades de Intervención en Crisis para atender emergencias de salud mental.
Lejos de ser una mala noticia, es una señal de que el sistema comienza a reconocer una realidad que durante años permaneció en silencio.
Hoy hospitales como el Salvador B. Gautier, el José Manuel Rodríguez Jiménez, el Robert Reid Cabral, el Luis Morillo King, el de Engombe y otros centros de la red pública disponen de estos espacios especializados. La pregunta es inevitable: ¿estamos llegando demasiado tarde?
Mientras se amplía la capacidad para atender a quienes llegan en una emergencia, el gran desafío sigue estando antes de la crisis: identificar a tiempo la depresión, la ansiedad y otros trastornos, fortalecer la atención primaria y facilitar el acceso a profesionales de la salud mental sin que las personas tengan que esperar a tocar fondo para recibir ayuda.
La salud mental no debería comenzar en la puerta de una emergencia, debería empezar en una escuela que identifica señales de alarma, en un centro de atención primaria que escucha, en una familia que sabe cuándo pedir ayuda y en un sistema de salud que acompaña antes de que el sufrimiento se convierta en una urgencia.
Este 10 de octubre, más que llenar las redes sociales de mensajes de apoyo, vale la pena hacernos una pregunta: ¿estamos construyendo un país que previene las crisis o uno que solo aprende a atenderlas cuando ya ocurrieron?
Por: Cristina Piantini
